miércoles, 17 de mayo de 2017

Regreso al pasado, microrrelato.

Escena de la película "El diario de Noa", 2004

Esta entrada la voy a dedicar a un microrrelato, ya que llevo un par de publicaciones seguidas exponiendo artículos literarios. El tema gira en torno a las oportunidades que dejamos escapar por causas tan estúpidas como el egoísmo, el orgullo, la vergüenza… Espero que os guste.
 Regreso al pasado
La casa estaba impecable, como le gustaba a Emilia, sin embargo, antes de dar por concluida la faena de cada mañana, un libro, mal colocado en la estantería del salón, llamaba su atención. «¿Y tú qué haces fuera de tu sitio?», pareció dirigirse a él. Al instante recordó, su nieta, le encantaba leer y debía de ser la causante del trastorno. Antes de poner el libro en su lugar, la mujer lo ojeó un momento. Era un viejo poemario de cubierta y páginas tan desgatadas como ella. El movimiento del interior de la obra provocó el descubrimiento de una fotografía, pequeña y en sepia, que había permanecido durante demasiado tiempo oculta en su interior. A Emilia se le estremeció el corazón ante la imagen de un joven en cuyo torso aún permanecía escrito: «Siempre tuyo». La anciana no pudo evitar las lágrimas ni el recuerdo de aquella tarde en la que no supo decir: «Quédate».

© M. Carmen Rubio Bethancourt, 2017

martes, 25 de abril de 2017

Escritores que triunfaron con una sola novela

Quiero dedicar esta entrada a esos autores que sin más obra literaria que una novela han logrado el éxito; algo digno de admirar, pues es, desde mi punto de vista, acertar en el centro de la diana sin más opciones que una. En la mención que haré hacia algunos de estos escritores, no haré referencia a autores que derrocharon su talento en otros géneros como poesía y/o teatro, aunque solo compusieran una novela, por citar algunos de ellos: Borís Pasternak (premio Nobel en 1958) y su “Doctor Zhivago”, 1957, u Óscar Wilde y “El retrato de Dorian Gray”, 1890… Tampoco aludiré a escritores vivos, ya que aún están a tiempo de derrochar su talento en otras composiciones (tal es el caso de Arthur Golden y su “Memorias de una geisha”, 1997, o Arundahti Roy y su novela “El dios de las pequeñas cosas”, 1997, quizá se decidan a publicar algo más).
Una pregunta que me he hecho acerca de estos escritores es ¿por qué, conseguido el éxito, no siguieron derrochando su talento en otras novelas? En algunos es fácil responder a la pregunta, murieron demasiado pronto, pero en otros es más complicado. Según he podido sondear leyendo algunas de sus biografías, este silencio literario parece tener entre sus causas más comunes la imposibilidad de soportar la fama y/o el agotamiento de la inspiración. El autor barcelonés Vila-Matas, pone un nombre a este silencio literario en su obra “Bartleby y compañía” (2000) lo llama exactamente “Síndrome de Bartleby”. Vila-Matas, en esta especie de novela-ensayo, rastrea los diferentes casos y causas de este silencio literario que no es exclusividad de los escritores a los que hago alusión en esta entrada. Como curiosidad, añadiré que el nombre de “Bartleby” viene de un personaje descrito por Herman Melville (autor de la novela “Moby Dick”, 1851) en un cuento llamado “Bartleby el escribiente”, 1853. En el relato de Melville, el tal Bartleby trabaja en una oficina de Nueva York como copista y un buen día decide dejar de hacer su trabajo, “Preferiría no hacerlo”, suele argumentar hacia toda acción. Una inactividad que Vila-Matas, como hemos visto, ha trasladado al mundo literario.
Sin más que añadir, paso a nombrar a estos grandes escritores y sus exitosas obras.
Novela considerada un clásico de la literatura romántica inglesa. Cuenta la historia de un amor pasional entre dos jóvenes: Catherine Earnshaw y el rudo Heathcliff. La autora la publicó bajo el seudónimo de Ellis Bell, (sus hermanas, Charlotte, autora de “Jane Eyre”, y Anne, también utilizaron seudónimos para publicar sus novelas), así evitaba la censura machista hacia su vocación y su obra. Por desgracia, la muerte por tuberculosis acabó con la vida de la escritora a los treinta años, lo cual la privó de seguir escribiendo y de ver el éxito de su novela, superior al de las obras de sus hermanas.
          
Margaret Mitchell, “Lo que el viento se llevó”, 1936.

Novela romántica e histórica situada en plena guerra de secesión norteamericana y cuya protagonista, Scarlet O’Hara, es todo un carácter. La obra tuvo una gran acogida entre el gran público y ganó el premio Pulitzer en 1937, dos años después fue llevada al cine por Victor Fleming. La escritora, a la que la fama le parecía insoportable, fue atropellada por un taxi a los cuarenta y nueve años de edad sin publicar nada más.
J. D. Salinger, “El guardián entre el centeno”, 1951.
La obra narra un momento crítico del adolescente Holden Cauldfield, su protagonista, y se convirtió en todo un clásico de la literatura norteamericana. Si bien es verdad que su autor escribió varios libros de relatos, ésta será su única novela publicada. A partir de los años sesenta el escritor se va apartando de la vida pública hasta retirarse totalmente de ésta, una idea que parece estar en su mente desde tiempo atrás, como se refleja en un pasaje de la novela donde afirma el protagonista: “Me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente”. Podemos afirmar que Salinger amaba escribir, pero no lo que la publicación conllevaba, tal como refleja unas palabras suyas concedida al The New York Times en 1974 donde dijo Hay una paz maravillosa en no publicar”. Murió en 2010.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Príncipe de Lampedusa y Duque de Palma de Montechiaro, “El Gatopardo”, 1958.
Novela histórica que fue editada tras la muerte de su autor, 1957, pues ninguna editorial confió en ella en vida del escritor, algo que lo deprimiría.  En 1959 obtuvo el Premio Strega y fue llevada al cine por Visconti con rotundo éxito. En el marco de la guerra de Unificación Italiana, con el desembarco de Garibaldi en Sicilia (1860), la obra tiene como protagonista a Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, que verá como su mundo aristócrata desaparece por uno menos elegante, pero en esencia, según la novela, el mismo: “Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas”. El escritor tiene otros libros de relatos y ensayos, pero fueron compilados y descubiertos tras su muerte, 1957, no parecía tener su autor intención de publicarlos.
Harper Lee, “Matar a un ruiseñor”, 1960.
Novela que llegó a ganar el Pulitzer en 1961 y fue llevada al cine con gran éxito por Robert Mulligan. La historia, muy crítica con la desigualdad racial, está basada en vivencias de la infancia de la escritora en Alabama. La novela está narrada por la propia protagonista de la historia, Scaut Finch, en el relato con seis años de edad, que vive con su hermano Jem y su padre el abogado Atticus Finch, viudo. Un suceso conmociona a la localidad e implica a la familia Finch. Hay quienes dicen que parte de la novela fue escrita por Capote (escritor y amigo de la autora). A pesar del éxito de la obra la escritora no volvió a redactar otra novela, si hizo algunos ensayos, no obstante, hacia el final de su vida se descubre un manuscrito (realizado antes de “Matar a un ruiseñor” y que, se cree, da origen a la obra) y se publica por Harper Collins en USA y Heinemann en Reino Unido en 2015 (“Ve y pon un centinela”). Esta publicación ha desatado controversias, pues parece ser que la escritora no tenía todas sus facultades en perfecto estado para decidir sobre esto. Murió en 2016 a los ochenta y nueve años de edad. Una curiosidad, Harper Lee huía de todo lo que la fama conllevaba, de hecho, apenas concedía entrevistas, tal vez lo que provocara su silencio literario o “Síndrome de Bartleby”.
Luis Martin Santos, “Tiempo de Silencio”, 1962.
Considerada una de las mejores novelas del siglo XX en España, es la historia de un hombre, Pedro, que quiso ser investigador y fracasó debido a una serie de acontecimientos desafortunados que aparecen en su vida. Como curiosidad, mencionar que la obra sufrió la censura de la época. Su autor, que ejercía la profesión de psiquiatra (tiene varios ensayos médicos), muere en accidente de automóvil en 1964 truncando su carrera literaria que, hasta el momento, además de esta novela, solo componían algunos relatos y poesías.
John Kennedy Toole, “La conjura de los necios”, 1980.

Novela publicada años después de la muerte de su autor, 1969, pues el rechazo hacia su obra le llevó a una depresión que desembocó en suicidio por monóxido de carbono. Fue editada gracias a la perseverancia de su madre, y se convierte en todo un éxito, además de ganar el premio Pulitzer en 1981. La historia gira en torno a las vivencias de su excéntrico protagonista, Ignatius J. Reilly, y la serie de personajes que se topan con él. El triunfo de la obra hace que se publique otra novela del escritor redactada con dieciséis años, “La Biblia de neón”.

Sé que dejaré escritores en el tintero, y pido disculpa por ello, pero al menos he mencionado a algunos como forma de homenaje a todos. Espero os haya sido interesante el artículo.






domingo, 2 de abril de 2017

"La conjura de los necios". La novela que encumbró a John Kennedy Toole tras su muerte.

El escritor John Kennedy Toole           
En esta entrada voy a hablaros de una obra que acabo de leer, “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Una novela que en muchas ocasiones he visto recomendar a muchos lectores, pero que iba posponiendo por otras a mi parecer más atractivas. Un día, con cierta desgana, lo reconozco, me decidí a leer las primeras páginas de la novela y, para mi sorpresa, me conquistó. No puedo estar más de acuerdo con todas esas personas que encuentran la obra como imprescindible en la lista de cualquier lector; me uno a ellos en su decisión de recomendarla.

Sobre el autor:

JOHN KENNEDY TOOLE nació en Nueva Orleans, Luisiana, en 1937. Educado por su dominante y posesiva madre, Thelma Ducoing Toole, inculca en él una idea de súper hombre, de genio, que Toole parece asumir, porque todo lo que lleva a cabo, al menos a nivel intelectual, es sobresaliente. Se licenció en literatura en la Universidad de Columbia y gracias a ello da clases en el Instituto Hunter de Nueva York. En 1961 fue llamado al ejército y en este periodo da clases de inglés a reclutas hispanos en Puerto Rico; es en estos dos años cuando comienza a escribir “La conjura de los necios”. De vuelta Nueva Orleans da clases en el Dominican College. Terminada su obra la presenta a la editorial Simon and Schuster, pero no consigue que se la publiquen, pues, a pesar de no darle un “no” rotundo, las continuas revisiones no satisfacen al editor (posiblemente encontrara la editorial en el manuscrito temas algo incómodos al sentir popular norteamericano). El rechazo produce una gran frustración en el autor, pues parece que su intención era dedicarse a la escritura, por lo que cayó en una espiral de depresión y alcoholismo que culminaría en su suicidio en 1969 (Puso una manguera de jardín en el tubo de escape de su coche y la introdujo por la ventanilla del conductor. Tenía treinta y dos años. Dejó una nota de suicidio que fue destruida por su madre).  Según cuenta Kenneth Holditch, profesor emérito de Literatura en la Universidad de Nueva Orleans, gracias a su amistad desde 1980 con la madre de Toole, la mujer se encontraba hundida tras la muerte de su hijo hasta que halló, entre las pertenencias de John, el manuscrito de la novela. Thelma intentó por su hijo publicarla. Hasta ocho editores la rechazaron. En 1976 Thelma supo que el escritor Walker Percy daba clase en la Universidad de Loyola, e insistió a éste para que leyera el relato. A regañadientes Percy comenzó a leerlo, pero el relato lo atrapó, recuerda Percy: “Y seguí y seguí. Primero, con la lúgubre sensación de que no era tan mala como para dejarla; luego, con un prurito de interés; después, con una emoción creciente y, por último, con incredulidad: no era posible que fuera tan buena”. Así que no le quedó más remedio que convencer a la Universidad Estatal de Luisiana de que debía publicarla, cosa que sucedió en 1980. Al año siguiente, la novela recibió el Premio Pullitzer y, en Francia, el de la mejor novela en lengua extranjera. El éxito de la Novela de Toole provocó que se editara otra obra suya escrita con dieciséis años, “La Biblia de Neón”.
Para tener un mayor conocimiento de la vida de John Kennedy Toole, Cory MacLauchlin, profesor e investigador de la universidad de Virginia, ha escrito una biografia “Una mariposa en la máquina de escribir”, Anagrama.
Portada de la novela, Anagrama



Sobre la novela:

El prólogo de “La conjura de los necios” lo hace Walker Percy, y en él, entre otras muchas cosas, nos describe al protagonista con bastante genialidad: “He aquí a Ignatius Reilly, sin progenitor en ninguna literatura que yo conozca (un tipo raro, una especie de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y Tomás de Aquino perverso, fundidos en uno), en violenta rebeldía contra toda la edad moderna, tumbado en la cama con su camisón de franela, en el dormitorio de su hogar de la Calle Constantinopla de Nueva Orleans, llenando cuadernos y cuadernos de vituperios entre gigantescos accesos de flato y eructos”
El comienzo de la novela lo hace Toole con una cita del autor de “Los viajes de Gulliver”, Jonathan Swifi: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.
Tras la cita, el relato nos descubrirá a un protagonista: Ignatius J. Reilly, un hombre grandote, chocante, arrogante, treintañero, culto y con ciertos problemas estomacales que vive en Nueva Orleans, ciudad retratada en la obra, con su madre, y a costa de ésta, y sin más vocación que escribir. El personaje que retrata Toole es un ser de lo más atípico, extraño a todos y en un mundo que analiza y no parece encajar con él, hasta tal punto que le provoca problemas de salud; el mismo Ignatius lo reconoce: “…sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie”. Toda su vida gira en torno a su habitación y a sus escritos en cuadernos “Gran jefe”, donde plasma su pensamiento más propio del medievo (admira al filósofo Boecio) que de su presente, al que critica sin contemplaciones. La trama surge en el momento que Ignatius debe encontrar un empleo para ayudar a su madre a afrontar unos problemas económicos. A partir de ese momento Ignatius debe salir de su guarida y enfrentarse al mundo. Durante el relato nos toparemos con personajes característicos de la sociedad sureña norteamericana que tienen, digamos, la mala fortuna de cruzarse en el camino de Ignatius.
En la novela Toole, además de contarnos una historia con la que entretenernos y divertirnos, porque te hace reír en no pocas ocasiones, censura a la sociedad norteamericana, sobre todo la sureña, a través de los personajes que aparecen y las reflexiones del protagonista al que es difícil encajar en papel de héroe o villano de la historia, pues Ignatius J. Really se hace tan simpático como insoportable a los ojos de lector; a mí, lo reconozco, me ha irritado muchas veces.  En algunas publicaciones que hablan sobre el protagonista, he llegado a leer que Ignatius J. Really es el álter ego del autor. Y la verdad es que comparten ciertos aspectos de sus vidas como son: ser hijos únicos, una madre sobreprotectora y al tanto de todo, la necesidad de ayudar económicamente a su familia, universitario, el gusto por escribir y la escolástica, sin embargo, el protagonista tiene ese lado odioso e incomprensible que hace difícil entender que el autor se retrate en él.

No me atrevo a comentaros más porque me gustaría que descubrieseis la obra. Yo solo puedo deciros que me ha parecido una novela inteligente, con unos personajes maravillosamente retratados, amena, divertida, irónica, crítica, por tanto, recomiendo que la leáis a aquellos que no lo hayáis hecho todavía.

Os dejo los enlaces donde encontrar las obras mencionadas:

© 2017 M. Carmen Rubio Bethancourt

martes, 7 de febrero de 2017

Marga Gil Roësset, la artista que fue y pudo llegar a ser

He de reconocer que mis libros de estudiante no mencionaban nada acerca de una serie de mujeres que tuvieron un destacado papel en el panorama cultural español durante las primeras décadas del siglo XX, «Las sinsombrero», nombre con el cual muchas se autodenominaron para desafiar a esa sociedad que les imponía un status de mujer sumisa y cuya dedicación estaba circunscrita al ámbito familiar y doméstico, pues el hecho de ir sin sombrero suponía ya un acto de rebeldía por aquellos años. Mujeres que, al igual que sus coetáneos masculinos, pusieron su sello y apoyo a  la cultura y el arte de nuestro país y, sin embargo, ¿a cuántas se nombran cuando hablamos, por ejemplo, de la generación del 27? Fueron sus compañeras, sus amigas, creaban como ellos… Tania Balló, productora y directora de cine, ha escrito un ensayo, «Las sinsombrero», y codirigido un documental sobre ellas, (emitido en Tv2), creo que nos acerca maravillosamente al mundo de estas mujeres excepcionales, como son:  Concha Mendez (escritora y editora), Rosa Chacel (escritora), Mª Teresa León (escritora), Mª Zambrano (filósofa), Ernestina de Champourcín (escritora), Josefina de la Torre (escritora, cantante, actriz), Marga Gil Röesset (ilustradora y escultora), Consuelo Gil Roësset (escritora y editora), Maruja Mallo (pintora), Ángeles Santos (pintora). Todas con unas apasionantes trayectorias personales, culturales y artísticas, sin embargo, he querido dedicar esta entrada a una de ellas, a Marga Gil Röesset, porque, de entre todas, creo que es ella la que desde muy niña destaca en sus cualidades artísticas, hasta tal punto, que bien podríamos denominarla niña prodigio. Y con tal maestría y originalidad creaba esta sensacional artista que de no acontecer el trágico final de su vida, con tan solo veinticuatro años, pienso que hubiéramos tenido en ella a uno de nuestros genios universales.


MARGA GIL ROËSSET (1908-1932), Las Rozas, Madrid. Perteneciente a una familia de la alta burguesía, es la segunda de los cuatro hijos del matrimonio Gil Roësset. Nace débil y su madre, con gran tesón y amor, saca adelante a su hija. Tanto ella como sus hermanos reciben una educación culta y religiosa. Alentada por su madre, su hermana mayor, Consuelo, hace un cuento «El niño de oro (1920)», que Marga ilustra con tan solo doce años, su hermana tiene quince. El cuento es un éxito, y las ilustraciones llaman poderosamente la atención, pues parece increíble que una niña tan pequeña derroche tanta creatividad y destreza. La segunda de las obras en las que ambas hermanas vuelven a cooperar para realizar un nuevo proyecto es «Rose des Bois», Marga tiene trece años, Consuelo dieciséis; dado su éxito, el nuevo cuento es editado en Francia (está escrito en francés); como curiosidad, parece ser que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en los dibujos de Marga para su obra «El Principito» (hay que tener en cuenta que este autor visita varias veces España y «Rose des bois» se edita en Francia).

ilustración del cuento "El niño de oro"

Tras su colaboración en estas obras literarias, Marga opta por un cambio de rumbo artístico, la escultura. Su madre intenta que tome clases con un escultor profesional, Victorio Macho, pero éste se niega a influenciarla, por lo que se forma de manera autodidacta. En 1930 Marga expone en la Exposición Nacional de Bellas Artes su conjunto «Adán y Eva» que deja a todos eclipsados por su maravillosa ejecución. Sobre su manera de esculpir, ella declara en una entrevista que sus obras van del interior al exterior, que materializan un ideal. Su forma de esculpir, así como los materiales que utiliza, por ejemplo, el granito (muy costoso de trabajar), la hacen única, distinta ante los críticos, como lo demuestra en su obra «La mujer del ahorcado», que nos deja ver ese alma atormentada que Marga impone a sus composiciones, tal vez la que ella misma tuviese. 
"Adán y Eva", 1930
En un momento de su vida se cruza en su camino el matrimonio formado por Juan Ramón Jiménez (escritor) y su mujer Zenobia Camprubí (su hermana Consuelo y ella admiraban la labor de Zenobia que traducía a autores como el poeta bengalí Tagore), ambas hermanas conocen a la pareja durante un concierto. El matrimonio decide visitar el taller de Marga; según parece, durante aquella visita, Marga les comenta que es su madre quien sugiere los temas y los nombres, y que ella misma detestaba todo lo que hacía, por eso destruía algunas esculturas a martillazos. De aquella visita surge el ofrecimiento de Marga por esculpir el busto de ambos; empezaría con el único que concluyó, el de Zenobia, lo cual provoca que  el trato de la joven con el matrimonio sea más asiduo y la artista  se enamore del escritor, hecho que causará en Marga una inquietud espiritual, hasta tal punto que desee quitarse la vida al ser rechazada y ver imposible la relación. Sobre esta terrible decisión, deja constancia en un diario que entrega a Juan Ramón Jiménez con la promesa de que no lo leerá hasta pasado unos días; en el diario explica por qué quiere acabar con su vida; estas palabras escritas en él dan buena muestra de su intención: “…Y es que…/ Ya no puedo vivir sin ti…/no… ya no puedo vivir sin ti…/ tú, como sí puedes vivir sin mí…/ debes vivir sin mí…”; también en él Marga se exculpa con Zenobia por amar a Juan Ramón. En un chalet propiedad de su tío en las Rozas, Marga Gil se quita la vida de un disparo en la cabeza a la edad de veinticuatro años. Juan Ramón Jiménez quedó tan impactado del suceso que dedicó a la joven varios poemas y la nombró en su obra «Españoles en tres mundos».
Gracias al diario que poseían los herederos de Juan Ramón Jiménez, publicado por la Fundación José Manuel Lara;  el reportaje sobre la artista en ABC cultural en 1997 realizado por Blanca Berasátegui y en el que colaboró su sobrina, la escritora y fotógrafa Marga Clark (autora de una novela insipirada en la artista “Amarga luz”);  A Ana Serrano Velasco, que sacó a la luz la obra de Marga Gil en la Exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y responsable de su catálogo (con colaboración de otras instituciones), estamos descubriendo la vida y el talento de esta precoz artista; no puedo imaginar lo que hubiera logrado de no quitarse la vida.
Toda la obra escultórica de Marga Gil que nos queda son dieciséis originales y diez réplicas, pues no quiso dejar ni siquiera éstas a la posteridad, se encargó de destruir todo cuanto pudo. No obstante, su legado es suficientemente admirable para que su nombre aparezca, y en letras grandes, en los libros de literatura y arte, al menos, de nuestro país. Juan Ramón Jiménez dijo de ella “Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro”.
Si deseáis saber más acerca de esta brillante mujer, os dejo los enlaces que he consultado y donde encontraréis detalles e imágenes muy interesantes sobre su vida y obra.
De Ana Serrano:
De Graciela Palau Nemes
Y sobre las sinsombrero, os dejo el enlace que os lleva a la obra de Tania Balló:

 © 2017 M. Carmen Rubio Bethancourt

martes, 20 de diciembre de 2016

La magia de la lectura


   "La lectora", Fragonard, 1770-1772 


En esta ocasión voy a exponeros un microrrelato dedicado a todas las personas que aman la lectura, porque imagino que, al igual que me ocurre a mí, entrar en los libros es algo más que distraernos con una historia, es ser parte de ella.

Al llegar la noche
Al llegar la noche, un bostezo servía a la muchacha para despedirse de la tediosa rutina del día. Con cierta añoranza por haber dejado a los Buendía y a Macondo la velada anterior, la joven se recostaba sobre la cama de su habitación, entre almohadones y mantas acogedoras, y tomaba de una mesita, próxima a ella, el nuevo libro que le habría de llevar una vez más a la aventura. Una luz cálida le dejaba ver el comienzo de las primeras líneas de la obra: Cuando míster Hiram B. Otis, ministro de los Estados Unidos de América, compró Canterville Chase, todo el mundo le dijo que cometía una gran locura, porque la finca estaba embrujada”. Con el corazón anhelante de emociones, la chica se sumergía en el relato y empezaba a apoderarse, prácticamente sin darse cuenta, del alma de los personajes. Traicionada por el sueño, quedó, como siempre, enredada en la historia.
© 2016 M. Carmen Rubio Bethancourt

sábado, 10 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad




Imagen de la película: Cuento de Navidad con los Muppets

Como estas fechas son propicias para ello, esta entrada la dedico a un relato cuyo tema tiene relación con la Navidad. Espero que os guste. Y felices fiestas.

Cena de Nochebuena en familia
Llevaba varios días intentando perder algo de peso, la Navidad estaba cerca y sabía que iba a comer más de la cuenta, y como de kilos no ando escaso, pues me puse a verduritas y gimnasio. Justamente el día veinticuatro de diciembre había logrado mi propósito, cuatro kilos menos. Estaba feliz y con la ilusión de desquitarme por la noche de tanta ensalada y carne a la plancha. Y qué mejor modo de hacerlo que de la mano de mi suegra. ¡Cómo cocina esa mujer!, solo de pensarlo se me hace la boca agua. En cuanto pusimos pie en el portón de la casa de mis suegros, pude notar aromas a tomillo, orégano y especias varias; el asado de mi suegra, sin duda alguna. Fue el padre de mi mujer quién nos recibió; como siempre a mí con ese puntito desafiante tipo: «que no se te olvide que pisas mi territorio». La hora justa de llegada hacía imperativo no andarnos con distracciones y ponerlos a lo que íbamos, a cenar en Nochebuena en familia. ¡Qué mesa! Había de todo lo imaginable para que el estómago se pusiera a clamar de manera escandalosa por aquellos manjares; por suerte, la charla y la televisión de fondo mitigaron el estruendo del mío. Sobre las nueve y media estábamos todos sentados alrededor de aquellas viandas, mi suegro frente a mí y, distribuidas a cada lado, nuestras respectivas esposas y mi cuñada. ¡Qué placer visual! Me importaba una mierda engordar diez o veinte kilos, esa noche no había quien me detuviera. En la misma tesitura estaba mi suegro, ¡cuánto le gustaba comer a ese hombre! No se podía decir lo mismo de la compañía femenina, qué melindres las pobres; las tres, como ellas argumentaban, «estaban a plan», así que aquel banquete se habría de disputar entre mi suegro y yo, de hecho, la primera victoria se la llevo él con unos langostinos de Sanlúcar espectaculares; según conté, tocábamos a cinco por persona, pero el desalmado se zampó uno de los míos; no debí distraerme con las patas de los cangrejos rusos. A eso de la hora, mi suegra, observadora de todo cuanto ocurría con respecto a su cena, entendió que llegaba el momento de sacar el asado. ¡Qué hermosura! En su bandejita, con sus patatitas y sus rodajitas de naranja… plantaba la buena mujer en la mesa aquel plato que solo degustábamos, para desgracia mía, en aquella señalada fiesta. Servidas nuestras respectivas raciones, observé que quedó suficiente como para poder repetir. Para mi sorpresa, mi suegra, mi cuñada y mi mujer volvieron a servirse, lo cual provocó que en la bandeja solo quedara una porción para un único comensal. Como en las películas de vaqueros, vi a mi suegro clavarme una mirada retadora, yo no me quedé atrás. Con astucia estudié a mi contrincante, aún tenía algunos bocados que llevarse a la boca, yo estaba a falta de uno. Mi suegro parecía engullir a mil por horas, incluso me atrevería a decir que su dentadura postiza había tomado una velocidad digna de una sofisticada tecnología, pero, así y todo, era imposible que me ganase; la sonrisita de vencedor aparecía en mi rostro sin poder evitarlo. De pronto, un «Noche de paz, noche de amor…» llegó a mis oídos, acto seguido mi suegra me preguntaba: «Luís, hijo, ¿te sirvo un poco más?». Se contuvo mi voz y mi mano no acertaba a acercar el plato. «Luís», insistía,  «¡Eh! No, no, gracias». No daba crédito a mi respuesta. ¡Negar aquel manjar, aquel deleite de paladares! Pero no me importó, porque, por primera vez, había sentido dentro de mí eso que llaman «El espíritu de la Navidad». El año que viene a ver si le encandila a mi suegro.

© 2016 M. Carmen Rubio Bethancourt

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Qué nos impulsa a escribir.

Agatha Christie, escritora británica, 1890-1976
Mi aporte al título de la entrada, "Qué nos impulsa a escribir", lo voy a exponer a través de un microrrelato que os dejo a continuación y creo que expresa lo que yo siento al introducirme en el universo de las letras y, por tanto, me provoca la necesidad de escribir.

La escritora

Día uno: se levanta, se asea, desayuna, trabaja, almuerza, se dedica a la familia, amigos..., cena, duerme… Día dos: se levanta, se asea, desayuna, almuerza, se dedica a la familia, amigos..., cena, duerme… Día tres: se levanta, se asea, desayuna, trabaja, almuerza, inventa una historia, la escribe… pierde la noción de la realidad y del tiempo. 

© 2016 M. Carmen Rubio Bethancourt


Y voy a completar esta publicación con algunas opiniones sobre el tema de autores consagrados.

Mario Vargas Llosa, “No concibo la vida sin la escritura”
Antonio Tabucchi, “Porque estamos aquí, pero querríamos estar allí”
Almudena Grandes, “No estoy muy segura -dudo que alguien pueda estarlo-, pero creo que escribo porque siento una necesidad insuperable de escribir”
Ken Follet, “Disfrutar en una palabra que se queda corta”
Álvaro Pombo, “Una forma de hacer surgir los recuerdos y las imágenes”
Arturo Pérez Reverte, “Para volver a vidas anteriores, a las lecturas y los tumbos que cada uno lleva en la mochila”
Julia Navarro, “Para mí, escribir es una oportunidad de viajar al mundo de los sueños y de la imaginación; de inventar personajes y de vivir otras vidas; pero también de asumir compromisos, aunque a veces vayan envueltos con el papel del entretenimiento”
Caballero Bonald, “Empecé a escribir porque quería parecerme a Espronceda”
Umberto Ecco, “Porque me gusta”
Carlos Fuentes, “¿Por qué respiro?”
Soledad Puértolas, “Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo”

(Opiniones extraídas de un artículo escrito por Jesús Ruiz Mantilla en El País)


Espero os haya resultado interesante.